miércoles, septiembre 09, 2009

Basura cero

Esta iniciativa, cada vez más numerosa en todo el mundo, asume diversas medidas para reducir el problema de los residuos

La iniciativa "Basura cero" quiere hacer honor a su nombre, de manera que los vertederos y las incineradoras desaparezcan de forma progresiva. Sus impulsores propugnan un cambio de modelo, en el que los productos se diseñen para no convertirse en un desecho inútil y contaminante, y en el que toda la sociedad asuma pautas ecológicas de consumo y gestión de los residuos. Cada vez más ciudades y comunidades de todo el mundo ponen en marcha políticas de reducción y tratamiento de los residuos basados en estas ideas.

* Autor: Por ALEX FERNÁNDEZ MUERZA
* Fecha de publicación: 7 de septiembre de 2009

Las organizaciones ecologistas llaman a la gestión de los residuos urbanos "el gran problema oculto", porque los ciudadanos no son conscientes de él. La práctica más generalizada consiste en guardarlos en vertederos o quemarlos en incineradoras. La basura desaparece de la vista, pero a costa del medio ambiente y del bolsillo de los contribuyentes que pagan por estos servicios. Lejos de disminuir, es una molestia creciente: la ONU prevé para 2025 la multiplicación por cinco de la generación de desechos per cápita en los países desarrollados.

El movimiento "Basura cero" recuerda que en la naturaleza nada es un desecho que se abandona, sino que se reaprovecha en un ciclo continuo. Sostiene que la basura no es un residuo inevitable que hay que esconder, sin importar las consecuencias ambientales y económicas. Sus impulsores destacan la necesidad de las tres clásicas erres del ecologismo (reducir la producción, el consumo y los desechos; reutilizar los productos y alargar su vida útil; y reciclarlos una vez que son desechados) y la práctica del compostaje, pero pretenden ir más allá. Su objetivo final es cambiar el modo actual de producción y que todos los actores sociales, tanto las empresas como las instituciones y los consumidores, asuman su responsabilidad.

Las empresas tienen que modificar su modelo productivo. Bajo el principio de la "Extensión de la Responsabilidad del Productor" (ERP), los fabricantes se comprometen a cuidar del producto, su envase y embalaje durante todo su ciclo de vida. Los bienes de consumo tienen que diseñarse y producirse para generar el menor impacto ambiental posible desde su origen. Si no lo consiguen, los productores tienen que asumir los costes económicos y ambientales de su recogida y eliminación segura. La prioridad debe ser la creación sostenible de productos de múltiples usos y de larga vida, la utilización de materiales no tóxicos, biodegradables, reciclados y reciclables, el ahorro de recursos naturales y energía o la reducción de las prácticas contaminantes.

La asunción de este sistema productivo permitiría a los consumidores ser más ecológicos. Para ello tendrían que informarse, concienciarse y reutilizar, reciclar y compostar de forma correcta y generalizada. Las instituciones deberían garantizar y facilitar la implantación de este sistema, y velar por su cumplimiento. Si bien se pueden implantar prácticas de basura cero a cualquier nivel, sobre todo las comunidades locales pueden sacar más partido.

Los seguidores de este movimiento destacan no sólo sus ventajas medioambientales, sino también las económicas. Además de ahorrarse los costes de mantener los vertederos y las incineradoras, los sistemas de reciclaje y compostaje permitirían a las comunidades locales la generación de importantes ingresos y puestos de trabajo.

Basura cero en ciudades en todo el mundo

Los defensores de los programas de "Basura cero" llevan años de trabajo y los frutos se empiezan a notar. El premio Goldman, conocido como el Nobel del medio ambiente, ha recaído este año en Yuyun Ismawati, de la organización BaliFokus. Los miembros del jurado han valorado su trabajo para eliminar la incineración de residuos y la aplicación de los citados programas en Bali (Indonesia).

Las ciudades y comunidades que aplican la filosofía "Basura cero" son cada vez más numerosas. La capital australiana, Canberra, fue la primera del mundo en aplicar una legislación basada en estas ideas. En 1995, se planteó el objetivo de "ningún desecho en 2010". La ciudad de San Francisco (EE.UU.), con siete millones de habitantes, tomó buen ejemplo y aplicó un sistema que logró, en diez años, reducir en un 50% sus residuos urbanos. En la actualidad, unas 40 comunidades estadounidenses, algunas tan importantes como Berkeley, Nueva York o Seattle, cuentan también con algún programa de "Basura cero".

Canadá es otro modelo: una veintena de lugares han asumido estas iniciativas, entre ellos, Ontario y Toronto, dos de las ciudades más grandes del país. Halifax es un caso paradigmático. Capital de Nueva Escocia, una provincia canadiense de casi un millón de habitantes, ha logrado reducir en un 65% la cantidad de residuos enterrados. Para ello, en 1997 se asumió un ambicioso programa que logró recuperar y reciclar millones de desechos en cinco años. Esta práctica generó mil nuevos puestos de trabajo.

En otra ciudad canadiense, Oakville, se ha reducido en un 50% el volumen de desechos. Los ciudadanos están obligados por ley a compostar sus residuos, utilizar trituradoras en los fregaderos o entregar los residuos limpios y separados. Las multas para quienes no lo asuman pueden llegar a ser importantes.

Nueva Zelanda es el primer país del mundo en adoptar planes de "Basura cero" en todo el territorio. La Zero Waste New Zealand Trust es una institución creada de forma específica para alcanzar este objetivo.

Como ejemplo de importante ciudad de habla hispana, destaca Buenos Aires. Sus responsables aprobaron en 2005 una ley que prohíbe la incineración, impone metas concretas para reducir el enterramiento de residuos y logra el objetivo final de basura cero en 2020.

La Alianza Internacional Basura Cero ofrece en su web una lista con las comunidades de todo el mundo que han creado políticas públicas para promover prácticas similares a las anteriores. En ella se encuentran varias ciudades de Reino Unido, Italia, Sudáfrica, Japón o India, pero ninguna española.

Iniciativas corporativas de Basura cero

Algunas empresas han incluido en sus políticas la reducción del enterramiento de residuos. General Motors ha anunciado un plan para lograr a finales de 2010 que la mitad de sus 181 plantas de todo el mundo sean "libres de vertederos". Otras compañías del sector, como Subaru o Toyota, han planteado iniciativas similares. El plan de recuperación de fotocopiadoras y reutilización y reciclaje de materiales de la empresa Xerox en Holanda le permitió un ahorro en el año 2000 de 76 millones de dólares. Por su parte, Nike utiliza polímeros reciclables, disolventes a base de agua y tejidos a partir de botellas de refresco reciclado.

El mundo de la moda también empieza a tener seguidores de esta idea. Los diseñadores Mark Liu y Caroline Priebe utilizan tejidos respetuosos con el medio ambiente y patrones pensados para su posterior reutilización y reciclaje.

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domingo, septiembre 06, 2009

Consecuencias ecológicas de los incendios forestales

El daño ambiental supera al que reflejan las impactantes imágenes generadas por el fuego

España y Grecia sufren durante este verano graves incendios forestales. Su impacto ecológico es muy superior al de las imágenes de árboles chamuscados que ofrecen los medios de comunicación y sobrepasa, incluso, las áreas afectadas. La destrucción de biodiversidad, el aumento de la desertificación o la disminución de la calidad de las aguas y la atmósfera son algunas de las consecuencias negativas posteriores a un incendio. La recuperación de los bosques afectados, si se consigue, puede llevar décadas.

* Autor: Por ALEX FERNÁNDEZ MUERZA
* Fecha de publicación: 27 de agosto de 2009

Los incendios forestales naturales han ocurrido desde siempre como un elemento normal en el funcionamiento de los ecosistemas. El fuego ha permitido una serie de hábitats en los que distintos organismos pueden prosperar. La corteza gruesa de muchos árboles, como el pino piñonero y el alcornoque; la gran capacidad de rebrote de algunas plantas y árboles, como los robles y encinas; el desarrollo de raíces muy profundas o de semillas con cubiertas duras que se abren tras un fuego, como las del pino carrasco o la jara blanca, son evidencias de adaptación a las características de la zona mediterránea.

El problema ha surgido con el aumento de la cantidad de incendios. Se estima que en la actualidad entre un 80% y un 90% son causados por el ser humano, ya sea de forma accidental o intencionada. Este incremento sobrepasa la capacidad de recuperación natural de las especies adaptadas y les provoca graves problemas de supervivencia. Otras muchas especies que carecen de estos mecanismos de adaptación pueden llegar a desaparecer de forma definitiva.

La fauna del lugar con menor movilidad es la que padece el mayor impacto en un primer momento. El resto de especies que ha sobrevivido refugiada en la zona o que ha conseguido huir y regresa, se enfrenta a un proceso de regeneración muy difícil: las condiciones extremas posteriores provocan graves daños en el ecosistema y la cadena trófica. Las especies que escapan y se asientan en otras zonas alteran el equilibrio de su nuevo hogar.

La biodiversidad de la zona incendiada experimenta cambios en su estructura y en su composición. Las especies vegetales de tipo leñoso son sustituidas por otras que colonizan este hábitat, gramíneas en su mayor parte. Las especies animales propias de estas zonas boscosas dejan paso a otras adaptadas a espacios más abiertos. Un reciente estudio publicado en la revista Global Change Biology señala que la mayoría de aves de los bosques catalanes tiene su origen en el norte de Europa. Los responsables de la investigación, un grupo de científicos del Centro Tecnológico Forestal de Catalunya, explican que el tipo de bosque generado tras un incendio (sobre todo matorrales) es el "hábitat ideal" para determinadas aves, como el escribano hortelano.

Además de perder parte de su hábitat, los bosques fragmentados por los incendios generan problemas de conectividad. Los seres vivos ven peligrar su reserva genética viable y su supervivencia a largo plazo.

Impacto en el suelo, el agua y la atmósfera

El impacto medioambiental de los incendios forestales no se limita a la biodiversidad. El suelo y el agua son dos caras de la misma moneda, por lo que un incendio afecta a ambos de forma relacionada. Las zonas mediterráneas destruidas por el fuego son víctimas de un fenómeno conocido como "sabanización". La tierra queda casi estéril y limita la recolonización de las plantas autóctonas. El suelo se vuelve más impermeable e impide la penetración del agua en su interior. La actividad bacteriana y de los hongos, trascendentales en los procesos biológicos del suelo, se ve también muy afectada. La sucesión de nuevos fuegos y lluvias torrenciales incrementa la erosión y la pérdida del suelo fértil.

En las zonas mediterráneas, esta erosión se suele producir en los dos primeros meses tras el incendio. El manto vegetal desaparece, y con él, la barrera natural que retiene el agua y frena las inundaciones. Es lo que se denomina "desertificación del paisaje". Algunos expertos señalan que es el daño ecológico más grave causado por este desastre natural. Greenpeace asegura que más de un tercio de la superficie española padece este problema.

Los incendios forestales generan contaminación de diversas formas. Durante los primeros momentos después del fuego, la mineralización de la materia orgánica vegetal provoca una efímera fertilidad del suelo. Pero la gran mayoría de estos nutrientes son muy volátiles y pasan a la atmósfera o quedan disueltos en corrientes de agua. Como efecto derivado de la combustión de las masas forestales, diversas partículas y gases, incluidos los de tipo invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), acaban también en la atmósfera.

Los costes económicos de un incendio forestal son considerables. La madera y sus productos derivados, desde papel hasta combustible, y los productos alimenticios de la zona, ya no pueden aprovecharse. El ecosistema pierde su atractivo para las actividades de ocio y turismo. Las labores de regeneración suponen un gran desembolso económico que no siempre se ve recompensado.

Los países mediterráneos, los grandes afectados

La magnitud de los incendios forestales en España y Grecia no es casual: la Agencia Europea de Medioambiente (EEA) señala que el 95% del área que cada año se quema en la Unión Europea pertenece a la zona mediterránea, en su mayor parte durante el verano. Los responsables de la EEA indican que el fuego es uno de los principales daños que sufren los bosques europeos: todos los años se quema una media de 500.000 hectáreas (el doble de la superficie de Luxemburgo).

Los expertos de la EEA añaden que el número de incendios forestales en la última década ha aumentado en Europa, pero las zonas afectadas no han crecido tanto gracias a las mejoras en los métodos de lucha contra el fuego.

Las organizaciones ecologistas no creen lo mismo. WWF afirma que 2009 es el peor año de la década en grandes incendios forestales (superiores a 500 hectáreas de superficie afectada) en España. Ecologistas en Acción estima más de 12.000 evacuados por incendios forestales en julio y agosto, "en ocasiones de forma desordenada y caótica", y cuyas vidas se ponen en peligro ante el avance incontrolado del fuego.

En estos ocho primeros meses del año, se han quemado unas 90.000 hectáreas, más del doble que en 2008, según datos del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM). El Gobierno ha aprobado diversas medidas urgentes, entre ellas, 25 millones de euros en préstamos del ICO para compensar las pérdidas. Los datos del presente año tendrían que empeorar mucho más para acercarse a los de 1994, cuando se quemaron 359.000 hectáreas y las pérdidas ascendieron a más de mil millones de euros.

http://www.consumer.es/

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