miércoles, febrero 14, 2007

Esto ya calienta!

No se trata de advertencias infundadas: el cambio climático ya llegó a México. Sus primeros efectos están presentes: la temperatura ha aumentado casi un grado centígrado y los casos de paludismo y dengue aumentan, se extienden las plagas de cultivos a alturas que estaban fuera de su alcance, los golpes de calor causan más muertes; los huracanes son cada vez más fuertes y los últimos tres han causado en México destrozos estimados en 40 mil millones de pesos.
No es parte de un alarmismo científico: don Benjamín Escobar, un campesino tlaxcalteca, de 72 años, lo sabe porque investigadores universitarios instalaron estaciones climatológicas en su casa: la temperatura en su parcela es hoy 0.7 grados más caliente que hace 13 años, la época propicia para siembra se ha reducido de seis a tres o cuatro meses, las lluvias escasean y cuando hay, llegan a destiempo y a torrentes, inundando el plantío. El granizo quema las cosechas. Las heladas matan las plantas y, de paso, hieren a miles de campesinos que como Benjamín tienen la vida atada a su tierra, aunque ésta sea cada vez más caliente.

Por Humberto Padgett
padgett@eme-equis.com.mx

Para Benjamín Escobar, un campesino que nada ha hecho en sus 72 años sino vivir en el campo, el cambio climático es más, mucho más que las advertencias científicas o los jaloneos de los líderes políticos del mundo.

Para este hombre, cuyo horizonte de vida se acaba en los límites áridos de Atotonilco, un pequeño poblado ubicado al norte de Tlaxcala, el cambio climático es tan real que se agacha, coge un puñado de tierra y abre la palma.
“Miren –urge a los visitantes–, la tierra ya está seca, como un hombre viejo. La lluvia nos abandonó y regresa sólo para terminar de acabarlo todo. El clima cambió. Ya espero lo peor”.
A don Benjamín, como a millones de campesinos mexicanos, el calentamiento de la tierra ya le pegó desde hace varios años.
El problema es que lo peor no está por venir. Ya llegó. Cuando las lluvias deben llegar, no llegan. Cuando lo peor es que llueva, el agua cae a torrentes. Cuando lo peor es el granizo, enormes granizos tapizan la tierra. Cuando la peor desgracia es que caiga una helada, el frío fulmina los plantíos.
Don Benjamín resiente, en la vida real, lo que advierten los miles de reportes del mundo científico sobre el cambio climático.
Y los últimos años de vida del viejo campesino son la prueba de que los efectos del fenómeno no están a decenas de miles de kilómetros en el Polo Norte ni a medio siglo de distancia. Están en Tlaxcala, como lo están igual en todo el país.
Hasta finales de los ochenta, el anciano sembraba maíz que le daba para comer y para vender. Desde hace cuatro años abandonó ese grano. Eran demasiadas temporadas de verlo morirse de sed en los cada vez más largos estiajes. O de frío en las cada vez más tempraneras heladas.
En 2002 sus nueve hectáreas fueron parte del desastre causado por el fenómeno de El Niño en 50 municipios de Tlaxcala y cientos más en otros 15 estados del país.
Don Benjamín cambió a cebada y volvió a perder. Invirtió 26 mil pesos y recuperó 23 mil. Los tres mil pesos de diferencia quedaron regados entre los surcos por un granizo que sus ojos nunca habían visto.
Él, lejos de los escenarios donde científicos de todo el mundo debaten los irreversibles trastornos del tiempo, lo tiene muy claro: “Ha cambiado mucho el clima. Y ha cambiado para mal”.


http://www.eme-equis.com.mx/054MXCALENTAMIENTO_.html

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